
En cada elección presidencial solemos hacernos la misma pregunta: ¿quién debe gobernar? Pero rara vez nos detenemos en otra, igual de importante: ¿con quién va a gobernar?
El panorama electoral colombiano actual ofrece un punto de partida claro. Con al menos 14 candidaturas en competencia para la primera vuelta, todo indica que el país se encamina, una vez más, hacia una segunda vuelta presidencial. Más allá de la competencia política, este escenario abre una ventana para analizar con mayor detenimiento las propuestas, los enfoques y las prioridades de quienes aspiran a dirigir el país.
Este no es un dato menor. En contextos de alta fragmentación, la primera vuelta ordena el escenario, pero la segunda lo redefine. Y en ese tránsito, la ciudadanía, incluida la colombiana en el exterior, tiene una oportunidad real para informarse mejor y evaluar con criterio.
Pero ese análisis no puede quedarse únicamente en los programas de gobierno. En política, la distancia entre lo que se propone y lo que realmente se puede hacer no depende solo del Ejecutivo, sino de su relación con el Congreso de la República.
No se trata únicamente de
identificar qué propone cada
candidatura presidencial en
materia migratoria, sino
también de preguntarse qué
tan viable es que esas
propuestas se
conviertan en realidad
Gobernar no es un ejercicio individual. Las reformas, las leyes y muchas de las transformaciones estructurales requieren mayorías, acuerdos y capacidad de articulación política. Sin ese respaldo, incluso las propuestas más ambiciosas pueden quedarse en el papel. Con él, en cambio, se abren posibilidades reales de implementación.
Este punto resulta especialmente relevante cuando se analizan temas como la migración. Las respuestas a las demandas de los colombianos en el exterior no dependen únicamente de decisiones administrativas o consulares. También requieren marcos normativos, ajustes institucionales y políticas públicas que se construyen en la interacción entre el Ejecutivo y el Legislativo.
Candidaturas presidenciales
Un congresista, por ejemplo, no tiene funciones consulares ni ejecutivas. Su rol es legislar, hacer control político y participar en la definición de normas. Sin embargo, cuando existe una relación fluida entre el Congreso y el Gobierno, esa capacidad de incidencia se amplía: es posible impulsar reformas, priorizar agendas y generar condiciones para que ciertas políticas avancen.
En ese contexto, cobra especial relevancia la forma en que las candidaturas presidenciales están abordando el fenómeno migratorio en sus programas de gobierno.
Aunque en esta etapa no se definen políticas públicas en sentido estricto, sí se establecen los pilares que posteriormente orientarán los planes nacionales de desarrollo. Es allí donde las propuestas pueden traducirse en objetivos, metas e indicadores concretos, capaces de articular una política pública coherente en temas como la atención consular, el retorno, la integración o el vínculo con la diáspora.
Por eso, más allá de identificar menciones puntuales, el ejercicio clave es analizar si existe una visión estructural sobre la migración. Es decir, si las candidaturas presidenciales entienden el fenómeno migratorio como un eje transversal del desarrollo del país y no como un asunto marginal.
En ese sentido, comienzan a aparecer análisis que permiten comparar enfoques y prioridades, ofreciendo pistas sobre el lugar que ocupará la migración en la agenda pública de los próximos años.
Lección importante
La experiencia reciente también deja una lección importante. En distintos periodos, la curul de los colombianos en el exterior ha coincidido con el partido de gobierno. Sin embargo, esa afinidad no ha sido suficiente por sí sola para garantizar avances estructurales. La capacidad de incidir no depende únicamente de la cercanía política, sino de la posibilidad de construir mayorías, articular agendas y posicionar estos temas dentro de las prioridades del Ejecutivo y del Legislativo.
Por eso, en el contexto actual, el ejercicio ciudadano puede ir un paso más allá. No se trata únicamente de identificar qué propone cada candidatura presidencial en materia migratoria, sino también de preguntarse qué tan viable es que esas propuestas se conviertan en realidad. ¿Con qué apoyos cuenta en el Congreso? ¿Qué tipo de mayorías podría construir? ¿Cómo se relaciona su agenda con las fuerzas políticas existentes?
Elegir es apenas el comienzo. La verdadera pregunta es si a quien elegimos cuenta con capacidad real para gobernar. Y eso no se define en los discursos, sino en las mayorías. ¿Ya se preguntó si su preferencia electoral realmente puede gobernar?

