Los verdaderos bloqueos y vandalismo

Con tristeza hemos visto lo que acontece en Colombia, y también sentimos cómo nos hemos polarizado, cuando me preocupa mi despensa y el abastecimiento de mi coche. Pero ¿nos hemos preocupado por los años de bloqueo que han experimentado tantos colombianos en educación, en oportunidades laborales y en la paz que ha estado ausente de nuestros campos por décadas?

Esos bloqueos son un auténtico vandalismo social, al excluir a muchos de un mínimo de respeto y dignidad.
No podemos ser egoístas y pensar en los demás, solo cuando nos afecta; no podemos pretender que los demás se preocupen por mí y los míos, si ellos nunca me han importado. No podemos utilizar la muerte de un bebé para justificar mis argumentos, cuando los niños de Colombia, que están en circunstancias lamentables nunca me han importado. No podemos esperar que nuestras garantías sean más importantes que sus demandas; no podemos recibir cuando no nos ha nacido dar.

Escucho cómo señalamos a la minga, a los jóvenes, a las protestas pacíficas, pero ¿tú has hecho algo para no llegar a todo esto?

En este punto me dirijo a los empresarios, empresas exitosas con empleados infelices o insatisfechos jamás se va a dar, sociedades justas con tu indiferencia tampoco, y progreso para todos, con tus argumentos tampoco funcionará. Al final, cosechas lo que siembras, quieras reconocerlo o no, directa o indirectamente.

Pero este articulo no es para cuestionar a los empresarios, sino para retarlos a ver crecer sus beneficios al igual que crecerán los beneficios de sus empleados; porque un virus ya nos ha enseñado que lo único que queda de verdad, es lo que haces en tu vida, especialmente por los demás, y los demás va más allá de tu familia y tus amigos. Eso es lo que medirá si ha servido de algo para alguien o para muchos el privilegio que tienes de continuar respirando y viviendo.

El mundo no lo cambiarán los espectadores con sus opiniones y argumentos, sino los actores que se meten en la escena y hacen su mejor papel, para el beneficio de la obra de todos.

Empatía institucional

Empatía con quienes están mal, nos hace falta; pero, empatía no es señalarlos por exigir tu interés y tu apoyo, empatía es ayudar para que estén algunos o muchos, bien o algo mejor; pero también necesitamos empatía institucional.

No es aparecer en la foto, en un programa de televisión o en titulares; es entender las diferencias y colaborar con mejorar, de ser posible, sus circunstancias o realidades: el servicio público.
Radica en servir, no en marcar tarjeta con horario reducido covid, no es estar atento a la vista de otros funcionarios para adular y halagar, o pretender con clases de yoga, cocina o charlas de inmigración, evadir prioridades para la comunidad y decir que así, Colombia nos une… ¿Nos une a qué o con quién?
Y que no se convierta este programa, ojalá, en una campaña política y presupuestal de algún representante.

¿Acaso realmente creemos que estamos unidos?

Tengo que reconocer que los jóvenes y algunos líderes sociales de verdad, tanto en el país como fuera, nos han enseñado con sus protestas esa unidad de la que muchos carecemos, cuando nos representan, en femenino y en masculino, las divas del ego y del espectáculo.

Alguien en estos días me decía: es que en Inglaterra se respeta a un policía, lo que en Colombia no ocurre. ¿En serio te sorprende eso? Pero, en serio. ¿Me vas a comparar un policía inglés con un policía colombiano?, cuando ellos, los policías rasos, no tienen la formación y preparación integral que tienen otros policías en el mundo y su salario tampoco se puede comparar.
Y donde la corrupción ha infectado la mayoría de las instituciones colombianas en un altísimo y delincuencial grado, incluidas las fuerzas del orden, que más que del orden, parecen estar a la orden de algunos…
Quiero aclarar que hay policías buenos, pero la institución como tal no goza de buena imagen ni reputación, por los propios acontecimientos y por la impunidad, que es aún un hecho más grave en las diferentes instituciones del estado.

Servir a los demás

Hoy la pregunta no es ¿Qué hacen bien los que protestan? sino ¿Qué hacemos bien por los demás, tú y yo, en nuestro día a día.
Porque el mundo no lo cambiarán los espectadores con sus opiniones y argumentos, sino los actores que se meten en la escena y hacen su mejor papel, para el beneficio de la obra de todos.
Hoy te invito a pensar, preocuparte y servir a los demás; no por reconocimientos, sino por la satisfacción de darle un sentido real a tu vida, el sentido de que alguien más, este mejor gracias a ti. Eso no te hará rico en el banco o al final sí, pero sí te hará sentir el placer de vivir para servir y marcar con esto, no tu imagen, sino la diferencia en un mundo que necesita, más que nunca, diferencias que construyan criterios y más actores y gestores del cambio, que opiniones personales o figurillas que terminan sus días en el olvido de su intrascendente e inútil existencia.

No mires tu extracto ni tus logros personales, mira tu corazón. No seas vándalo del amor con tu indiferencia y no bloquees más con tus opiniones y posiciones personales. Abre tu corazón y quizás no vivirás más o sí, pero con seguridad sí vivirás mucho mejor.

El próximo mes podrás leer mi artículo sobre: ¿Cuál independencia?


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