
Opinión de Lucy Torres – Abogada y Autora – directiva@publycrea.com
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Los colombianos tenemos nuestra manera de viajar: uno se va, pero el país se va con uno.
Y Shakira se toma muy en serio esta particularidad. Para cerrar en Europa su gira mundial Las Mujeres Ya No Lloran, se trajo a Colombia hasta Madrid: construyó no solo un estadio, sino también una ciudad: Macondo Park, diseñada por Bjarke Ingels Group (BIG). Sin olvidar un Macondito para los más pequeños, diseñado por sus hijos Sasha y Milan.
La artista está reinventando el concepto de entretenimiento masivo en Europa: una macroexperiencia inmersiva de 12 horas al día, un festival paralelo ES LATINA con más de 100 artistas y ocho pabellones dedicados a la música, la literatura, el arte, la gastronomía, la moda, el cine y una retrospectiva de su propio universo artístico. Cada noche, el recinto cerrará con un gran carnaval que replica las festividades del célebre Carnaval de Barranquilla, trayendo esta tradición al corazón de Madrid, convirtiendo la ciudad en epicentro global de la identidad latina.
Además de la creación de empleos, el impacto económico en la ciudad se estima en 150 millones de euros. El impacto cultural y social son al nivel del realismo mágico de Gabo, y además suma el impulso al liderazgo y al empoderamiento femenino, ya que ES LATINA pone el foco en las mujeres creadoras, ofreciéndoles una plataforma de visibilidad en las industrias musical y textil.
Además del alcance extraordinario, esta gira aporta mucho más a los latinos en Europa: una historia de identidad, migración y pertenencia. Shakira no es solo la artista barranquillera que triunfa en múltiples idiomas y países. Ella misma nos recuerda que representa también a millones de personas que un día cruzaron una frontera llevando consigo sus sueños y una maleta.
En su reciente carta sobre los motivos que la llevaron a elegir Madrid, escribió: “Esto empezó con dolor”. Y sí, detrás de las historias migratorias hay varias rupturas: dejar atrás la casa, la familia, las certezas y una parte de la identidad.
Migrar es aprender otros códigos, construir nuevas relaciones y, muchas veces, comenzar de cero. Pero también es descubrir que aquello que parecía pertenecer únicamente a nuestra tierra puede tener valor en otros lugares. La identidad no se pierde cuando se cruza una frontera. Se multiplica y se expande. Y ante las adversidades, Shakira ha comprobado que el dolor puede convertirse en transformación.
Los latinoamericanos hemos aprendido a hacer de la mezcla una fortaleza: llegamos con nuestras historias, nos encontramos con otras culturas y producimos algo nuevo sin dejar de ser quienes somos. Está en nuestro ADN cultural.
Una colombiana que conquistó el mundo, que ha vivido como inmigrante en Estados Unidos y que hoy tiene ciudadanía española, ha levantado en pleno Madrid un espacio donde Colombia, América Latina y Europa pueden encontrarse. Y en ese encuentro hay una idea poderosa:
No necesitamos elegir entre pertenecer al lugar de donde venimos o formar parte del lugar al que llegamos. Podemos hacer ambas cosas.
Llevamos nuestra identidad a otro lugar y permitimos que dialogue con el mundo, se transforme y también transforme el lugar al que llega.
Es nuestra manera más colombiana de vivir: llevarnos el país cuando nos vamos y convertir el encuentro con otros en una forma de volver al hogar.
Porque, como Shakira ha planteado al hablar de esta celebración, recordando a Macondo: las generaciones que aprenden a abrazarse sí pueden tener una segunda oportunidad sobre la tierra.
