Una Colombia congelada en el tiempo: “El FIN DE MACONDO”

Campaña de sensibilización de la Alcaldía de Manizales sobre el riesgo del Covid19

“Por qué las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”, de Cien Años de Soledad.

Esta premonición de Cien Años de Soledad parece está ocurriendo en la desangrada Colombia. Al final de Cien de Años de Soledad, la obra cumbre de la literatura latinoamericana de nuestro GABO, en uno de los episodios, narra como aquel pueblo se fue vaciando después de la efímera fiebre del banano, en ella se promovió el tren a Macondo, se activó el comercio y llegaron inventos como telégrafo y el cine.
Esta ilusión de prosperidad terminó pronto, la huelga de trabajadores agrícolas demandando condiciones dignas terminó en una masacre; los inversores se fueron, dejando al pueblo en la pobreza, la cual pervive hoy con mayor acento en la esquilmación de los recursos naturales, con la consabida pérdida de vidas de los líderes sociales asesinados por oponerse a perversos planes de liquidación de la naturaleza y el fin de los ríos, en esa fiebre del oro, como destino de sus territorios. Una ficción hecha realidad en la Colombia de hoy.
A partir de aquellos episodios vivimos en la Colombia de los Cien Años de Soledad, repitiendo las exclusiones y clasismo que llevó a la tiránica madre de Meme, a que abandonará a su amado Mauricio Babilonia, porque era un aprendiz de mecánico y, aunque la madre nunca lo aceptó, le perseguía constantemente un enjambre de mariposas amarillas, pero ni eso valió; nunca aceptó esos amoríos y destruyó la felicidad de su hija, la Meme, al internarla en un convento. Quién diría que ese clasismo aún pervive, con el desprecio a indígenas, campesinos y negros, por parte de las élites.

Aureliano, el hijo de este amor, creció creyendo que había sido recogido. Aureliano fue sabio y se dedicó a descifrar los pergaminos que había escrito su antepasado Melquiades. Finalmente, Aureliano logrará descifrar los pergaminos de Melquíades: ellos dicen, entre otras cosas, «por qué las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra». Entonces, todo Macondo será arrasado y sepultado por un huracán…”.
Cualquier parecido con la realidad de una Colombia sumida en la corrupción, la desigualdad y ahora la pandemia, que recae sobre todo en los más vulnerables, los que no pueden quedarse en casa, ante la falta de medios deben salir cada día a buscar comida para ellos y su familia. Prefieren morir del virus a morir del hambre, que realidad más dura y que indiferencia de la sociedad.
Pero, yo creo que aún tenemos esa segunda oportunidad, como y que tendremos redención como pueblo, sólo depende de nosotros. Ahora millones estamos errantes por el mundo, en un éxodo de esa madre Colombia gobernada por cretinos, mafiosos y corruptos, está en su mayor declive y degradación gubernamental. Las élites se aliaron con la mafia y es una República gobernada por la mafia en la política. Vivimos en una incomprensión del mundo, porque no se reconoce la crisis humanitaria no declarada que vive el pueblo colombiano. El mundo ha preferido los negocios a la decencia y por ello no dice poco, ante tanto desafuero y asesinato. Niega por miles la protección internacional que demandan los colombianos y colombianas en Europa, el discurso de los ddhh se vuelve retórica ante el dolor.

Vivimos en una incomprensión del mundo, porque no se reconoce la crisis humanitaria no declarada que vive el pueblo colombiano.

La lista de vicisitudes con las que tenemos que luchar, para abrirnos un espacio donde ahora residimos, es mucha. Nos queda la esperanza y la ilusión de que podemos salir adelante y, es verdad, lo podemos hacer; la cantidad de historias de vida así lo corroboran, pero sería más fácil, si desarrollamos la capacidad de organizarnos y unirnos por estos objetivos, quizás esa lógica del “sálvese quien pueda” nos siga pasando factura, pues sintetiza el egoísmo y el individualismo. Los problemas que nos aquejan requieren la unidad, porque todo pasa por la democracia y la igualdad de oportunidades y eso sólo lo consigue un pueblo que lucha por la libertad.
En este 20 de julio no hay mucho que celebrar, más que la alegría que los y las colombianas hemos desarrollado como una manera de eludir esta frustración de ser un país inmensamente diverso en cuanto a la riqueza con que la naturaleza lo dotó, la capacidad de reinventarse y sobreponerse a tanta decadencia. Es un día para decir Macondo no se acabará, Macondo tendrá redención, la que su pueblo le dé y no está lejos; ese día llegará.
Nosotros, los andariegos y errantes, seremos parte de la solución no del problema; nuestra redención es colectiva en la unión, la organización y la solidaridad, los tiempos nos invitan a reflexionar y luchar por un futuro con segunda oportunidad, así acabaremos con la premonición de Cien Años de Soledad.


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Daviid
Daviid
28 julio, 2020 11:11 am

De acuerdo con nuestro nobel que nos retrató a los colombianos. Valiosa la embajada para acoger esta autocrítica en el peor momento de nuestra historia. Ojalá nuestra acción sea lo contrario y por fin desalojemos a los corruptos que en resumen empieza por nuestros dirigentes, partidos tradicionales y los nuevos que han entrado a robar y hacer parte del aquelarre politiquero. Ruego a Dios acabe con ese huracán de corrupción, se los lleve para siempre y dejen que lo bueno salga como nuestras orquídeas, nuestra selva y gente buena y emprendedora.

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