Un presidente que los y las colombianos no nos merecemos

Organización Nacional Indígena de Colombia – ONIC, presente en el Parque Nacional en Bogotá el 21 de octubre de 2020, movilizándose por por la dignidad, desde sus territorios. Foto Onic.

«Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia», Sócrates.

A dos años de gobierno de Iván Duque, su gestión no es aprobada ni por quienes le votaron. Su gestión de la pandemia ha sido deplorable y la desesperanza popular se muestra en las recientes encuestas, donde la población cree que Colombia es un país inviable, en otras épocas esa misma sensación la tuvo el país de forma generalizada, eran los años noventa.

En general, esta desazón, es un mal de la América Latina de hoy; la frustración, el desengaño y el renacer de la conflictividad social, con elementos nuevos como la certeza de que a quienes hacen las políticas que han llevado a un deterioro en todos los sentidos a las mayorías, definitivamente no les importamos, y quienes han hecho las leyes a su medida o las han violentado para huir de su aplicación y quienes se han aprovechado del poder para acrecentar sus fortunas y controlar a la sociedad en la cultura y comunicación, manipulando la información, todo para mantener privilegios de unas pocas familias, parece que llegará a su fin.

La impunidad, la corrupción y la sinrazón de la violencia que es el único medio que les queda para parar el descontento que ellos han generado a lo largo de estas décadas es imparable, a pesar de los miles de asesinatos de líderes sociales, de oposición y de desmovilizados de las FARC.

Que América Latina, desde Chile hasta Colombia resiste los regímenes de terror y represión, donde una cierta remilitarización de la sociedad desde gobiernos civiles es la única forma en que pretenden detener la movilización pacífica de la sociedad, que ya no cree en las promesas incumplidas de un futuro de progreso, para ellos la escalera del pretendido ascenso social ha sido una mentira de la que se ha despertado después de muchos años de esperar y ver que sólo subían los mismos de siempre y que la igualdad de oportunidades era y fue una quimera con sus décadas de gobierno.

Lo más notable de estos últimos años en Colombia, ha sido el proceso de negociación con las FARC, la entrega de armas y la vinculación a la vida política de los y las desmovilizadas de una fuerza política, un hecho que trajo cierta ilusión, que se perdió rápidamente con el triunfo del Uribismo en cabeza de Duque. Han sido muchos los incumplimientos al punto de que hoy por hoy, ese proceso hace aguas y lo importante de lo firmado para llevar alivio al campo y compensar tantos años de olvido para el campesinado, indígenas y afro descendientes ya no se espera.

Esto fue lo que dijo la Minga del Suroccidente, ella expresó con dignidad esta realidad, recientemente en su caminar hasta Bogotá: “Ellos y nosotros sabemos mutuamente que ya no nos engañan”.

cabe preguntarnos por el papel que podemos cumplir a favor de nosotros y de nuestras familias, quienes vivimos en el exterior.

De creer la mentira, se ha pasado al despertar y a la acción; los viles asesinatos en los campos duelen y nos llenan de rabia, oprobio y dolor, pero jamás se responderá de la misma manera; se equivocan, si creen que con esa barbarie van a impedir su caída. Las fuerzas democráticas hacia la convergencia se mueven y han de ser capaces de construir esa alternativa, porque Colombia no merece otro gobierno vinculado a oscuros propósitos de la mafia y el paramilitarismo. Esto ya no lo duda nadie que sea decente, aunque haya votado por Duque.

La última encuesta polimétrica realizada por Invamer en octubre de 2020, así lo revela, es tanto el hartazgo que no les queda más remedio que reseñar que la gente tiene afinidad con la Colombia Humana y que entre Sergio Fajardo y Gustavo Petro hay empate en imagen favorable.

La oposición se perfila como opción de poder. Puede que sea una respuesta del deseo de la gente; de ahí al hecho, es necesario estar convencidos de la responsabilidad que como ciudadanos/as tenemos para que sea una realidad con el voto democrático y sin trampas.

Un gobierno de cambio, no vendrá por arte de magia y no será fácil, cabe preguntarnos por el papel que podemos cumplir a favor de nosotros y de nuestras familias, quienes vivimos en el exterior. Ahora estamos viviendo una pandemia y las necesidades y apremios para quienes han llegado recientemente a España son muchas.

Justamente por esa urgencia de que los derechos de colombianos y colombianas en el exterior sean respetados es que necesitamos otras políticas; hasta ahora sólo han interesado los negocios y la generación de ingresos por los múltiples trámites que debemos realizar en los consulados, pero ello debe cambiar, la manipulación ya no vale, la gente cada vez se interesa más por conocer la verdad, eso ayudará a lograr el país que nos merecemos.


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