











Opinión de Claudia López Garzón
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No se conocían. Probablemente, en otras circunstancias, muchos nunca se habrían encontrado. Pero desde que la tierra tembló en Colombia, cada mañana llegan al mismo lugar: Plaza de San Amaro 4, en Tetuán, Madrid.
Los identifica un chaleco y un sencillo papel pegado con su nombre.
Son cientos de voluntarios de la Fundación Madrina. Los hay de 12 años y también septuagenarios; empresarios, desempleados, estudiantes y profesionales. Colombianos, españoles y personas de otras nacionalidades unidos por una pregunta: ¿en qué puedo ayudar?
Y siempre hay algo por hacer
Un grupo de mujeres, muchas de ellas psicólogas, recibe, escucha y orienta. Otras manos reciben las donaciones; otras clasifican medicamentos, alimentos, artículos de aseo y material hospitalario. Al final, otras embalan cada caja con el cuidado necesario para que resista carga, descarga, transporte y aduanas antes de llegar a Colombia.
Madrid funciona como centro principal de acopio, pero esta cadena solidaria se extiende por España a través de otros 23 puntos.
Los voluntarios se inscriben mediante un formulario y por WhatsApp coordinan los turnos: de 9:00 a 14:00 y de 14:00 a 18:00. Aunque el reloj muchas veces dice otra cosa. Cuando quedan cajas por cerrar y ayuda por clasificar, algunas jornadas se prolongan hasta la medianoche.
En principio, esta escena se repetirá cada día hasta el próximo 8 de septiembre. Llegarán nuevas donaciones, habrá más cajas por cerrar y nuevos nombres escritos en pequeños papeles.
Porque la ayuda que llega a Colombia no viaja sola. En cada caja también van horas de trabajo, cansancio y las manos de personas que decidieron que la distancia no podía convertirse en indiferencia.
Aquí casi nadie pregunta quién eres. Basta saber para qué viniste
Y si alguien se pregunta quiénes son los arquitectos de esta cadena solidaria, algunos nombres merecen ser destacados: Conrado Giménez, presidente de la Fundación Madrina; Camila Cepeda, coordinadora de los voluntarios; Javier Ospina, empresario y exdiplomático colombiano; Charlie Ruth, desde los clubes rotarios de España, Colombia y México; y Carolina Valencia, empresaria internacional.
Seguramente, por omisión involuntaria, faltarán nombres. No es olvido: es quizá la mejor muestra de la dimensión de esta movilización. Porque detrás de ellos hay miles de voluntarios anónimos que ayudan sin esperar reconocimiento, sin protagonismos y sin otra agenda que ayudar. Juntos, con un solo corazón

Que descripción más exacta de lo que hemos vivido en estos días como voluntarios!! Todos son demasiado lindos, que gusto poder coincidir de esta manera en este camino💜
♥️♥️♥️