gobierno Petro en economía

¿Qué dejará el gobierno Petro en economía?

Esta visión de un Estado paternalista e intervencionista, en lo regulatorio y lo fiscal, propició un perverso populismo fiscal, laboral e industrial. Bajo la premisa de que el Estado lo puede todo y lo debe todo, vivimos en un asistencialismo profundo, con más de 43 programas que implican en su mayoría aportes monetarios o créditos de fomento no condicionados y que nunca son auditados de manera transparente en sus efectos.

Se inician, algunos se abandonan y la mayoría se quedan vivos en las sombras de la burocracia que los administra, y se vuelven “indispensables” en un universo de cobardía política o instrumentalización electoral. Un subsidio nunca muere en Colombia: genera burocracia, eliminarlo implica pelear con alguien y la mayoría de las veces su reparto favorece las maquinarias de las casas políticas en el Congreso y las regiones.

En lo laboral, este paternalismo nos ha dejado con un régimen laboral insostenible que impide la competitividad nacional, destruyó nuestra capacidad exportadora de valor agregado, ha fomentado una inequitativa informalidad, que de paso devora nuestra seguridad social, y deja una lamentable productividad de nuestra mano de obra.

En lo industrial, el propósito de intervención estatal ultraconcentrado en el presidencialismo institucional ha vuelto adictos a nuestros empresarios a la ayuda del Estado o les ha abierto las puertas a intereses especiales para crear desde el Estado mismo rentas atadas que distorsionan muchas actividades esenciales y le siguen restando ampliamente competitividad a nuestra economía.

El presidencialismo, con el que resultaba cómodo y rápido operar el estatismo, no solo da un poder insospechado al Gobierno en muchos frentes. Genera una cultura de indecisión y mediocridad que deforma el poder Ejecutivo. Si algo es cierto, es que el nivel central del Estado colombiano crece de manera solo proporcional a su ineficacia material para lograr tanto sus fines esenciales (justicia, seguridad, competitividad, educación de calidad, infraestructura y servicios baratos) como todos aquellos fines accesorios que en nombre de miles de banderas y causas ha decidido intervenir con mínima eficacia para el enervamiento de las poblaciones que costean al Estado y que reciben de este constantemente promesas vacías.

Columnista

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