Esperanza en medio de la adversidad


Mujeres afrocolombias e indígenas, defensoras de la vida y el territorio

En un estado social de derecho como lo es Colombia, en un proceso de postconflicto como el que se vive en la actualidad -que contiene diversas aristas y problemáticas que requieren intervención pronta y directa- sumado a otros factores externos como lo son la situación que se vive en países fronterizos y que han generado migración forzada hacia Colombia, es de vital importancia contar la implementación de políticas sociales que busquen alternativas de solución promovidas desde el gobierno nacional, y contando con el apoyo de organismos que velan por el cumplimiento de los Derechos Humanos a nivel internacional como lo es la ONU en nuestro país.

En días pasados se presentó el último informe de la Oficina de la Alta Comisionada para la ONU sobre lo ocurrido en el 2019 en Colombia, evidenciando que durante el 2019 ocurrieron 36 masacres en todo el país, que dejaron 133 personas muertas. Alberto Brunori, quien desde el 2018 es el representante en Colombia de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, aseguró que se ha incrementado en un 50 por ciento el asesinato de mujeres defensoras de derechos humanos. Por su parte, el gobierno nacional, sostiene que este informe ha sido realizado con sesgos y que no se han tenido en cuenta los significativos avances en materia de implementación del acuerdo de paz en Colombia, omitiendo las medidas de seguridad que se han tenido para prevenir ataques a líderes sociales, excombatientes, defensores de DDHH, entre otros.

» Una paz estable y duradera solo se consigue si primero se piensa en las verdaderas personas afectadas «

Lo que es una realidad en nuestro país, es que existen cientos de miles de connacionales que día a día se ven enfrentados a buscar su sustento diario, en condiciones de precariedad y con mínimas garantías del cumplimiento de sus derechos fundamentales. Una paz estable y duradera solo se consigue si primero se piensa en las verdaderas personas afectadas por el conflicto, en esas madres que han perdido sus hijos Marta, María, Amparo… son también aquellos niños que se han quedado sin padre, aquellos jóvenes, campesinos, familias que han perdido sus tierras y se han visto obligados a migrar a calles asfaltadas en las ciudades donde no existe tierra para labrar. Es conociendo sus necesidades directas e inmediatas y buscando una solución conjunta donde se puede encontrar una paz estable y duradera.

La opinión pública cuenta mucho para un gobierno y cuanto más para un organismo internacional, pero más allá de ello existe el compromiso y la responsabilidad moral de cumplir con unos objetivos que no deben quedar solo plasmados en un papel sino llevarlos a una realidad, y una realidad compleja como la que se vive en Colombia.

Para los analistas expertos en conflicto internacional, el conflicto colombiano es uno de los más complejos de abordar por sus múltiples dimensiones, pero aun así hay esperanza… y es esa esperanza que sentimos cuando nos emocionamos escuchando el himno nacional, cuando vemos las caras sonrientes de los niños al salir de la escuela, cuando suena una cumbia o cuando nos comemos un plato típico de nuestra región, cuando vamos al mar o a la montaña y más aún cuando recordamos que paradójicamente, aún con toda la adversidad somos el país más feliz del mundo. Y si, somos un país de contrastes, así somos los colombianos.

Si otros países han podido sobrevivir a la guerra, implementar acuerdos de paz y lograr una estabilización social y económica -como Japón que hace 40 años estaba en guerra y hoy es una de las economías más sólidas del mundo-, nosotros también podemos hacerlo. Es por ello que dos pensamientos divergentes pueden lograr una conciliación en cualquier conflicto, recordando siempre que nuestras ganas de luchar, nuestra fuerza y nuestra capacidad de resiliencia están incluidas en nuestro ADN y pueden más que cualquier adversidad.


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