

Por: Nathaly Lara @NathalyLaraG | José David Serrano @jds49349 | Javier Urrea @JavierUrreaC
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En las elecciones presidenciales de 2022, más de un millón de colombianos estaban habilitados para votar desde el exterior, pero apenas el 31 % lo hizo. Mientras tanto, en 2024 los migrantes enviaron a Colombia más de 11.800 millones de dólares en remesas, equivalentes al 2,8 % del PIB nacional. Esa brecha entre la participación económica y la participación política revela una contradicción que persiste desde hace décadas: quienes más aportan al país siguen teniendo la voz más débil en sus decisiones.
A lo largo de los últimos veinte años, la abstención electoral entre los colombianos en el exterior ha sido alarmantemente alta. En la circunscripción internacional, las cifras superan en algunos periodos el 90 %. En el plebiscito por la paz de 2016, la abstención alcanzó el 86,4 %, y en regiones como Europa y América Latina se acercó al 89 %. Esa tendencia muestra que la diáspora, aunque cada vez más relevante social y económicamente, sigue siendo marginal en la esfera política del país.
Las razones son múltiples.
Persisten barreras logísticas como la distancia a los consulados, la falta de información oportuna sobre la inscripción de cédulas y la escasa comunicación institucional sobre el proceso electoral. Pero también hay barreras simbólicas, como la sensación de que el voto desde fuera no cambia nada, de que la representación política de la diáspora es limitada, o de que el sistema no escucha a quienes partieron.
Sin embargo, la historia reciente muestra que esa percepción puede transformarse. De cara a las elecciones de 2026, los colombianos en el exterior tienen una oportunidad histórica para revertir esta tendencia. Votar desde Madrid, Nueva York o Buenos Aires no es solo cumplir un derecho: es un gesto de pertenencia y responsabilidad colectiva. Es una forma de decirle a Colombia que, aunque estemos lejos, seguimos siendo parte de su presente y su futuro.
Ejercer el voto desde el exterior es una expresión de ciudadanía transnacional, un concepto que cobra cada vez más fuerza en las democracias contemporáneas. Significa reconocer que la pertenencia política no depende del territorio, sino del compromiso.
Ejercer el voto desde el exterior es una expresión de ciudadanía transnacional, un concepto que cobra cada vez más fuerza en las democracias contemporáneas. Significa reconocer que la pertenencia política no depende del territorio, sino del compromiso. Los colombianos migrantes son actores vivos de la sociedad: aportan ideas, cultura, recursos, innovación y vínculos que atraviesan fronteras. Su voto recuerda al Estado que esa comunidad también construye país, aunque lo haga desde otros continentes.
En las elecciones de 2022, el Gobierno colombiano habilitó 250 puestos de votación en 67 países, con una alta concentración en Estados Unidos, España, Brasil y Canadá. Aun así, el nivel de abstención en el exterior continúa siendo mucho mayor que dentro del país. Esa baja participación reduce el peso político de la circunscripción internacional en la Cámara de Representantes, creada precisamente para representar los intereses de los colombianos que viven fuera del territorio nacional. La legitimidad de esa representación depende directamente de la fuerza del voto migrante.
Aumento exponencial de las remesas
El aumento exponencial de las remesas, que pasaron de US$ 4.000 millones en 2017 a más de US$ 11.800 millones en 2024, refleja un compromiso económico profundo. Pero la participación política no debería quedarse atrás. Esa misma energía que sostiene a miles de hogares podría traducirse en poder político real, en incidencia en las políticas de migración, en mejores servicios consulares, en programas de retorno sostenibles y en oportunidades de inversión para la diáspora.
Más allá de lo institucional, la participación electoral tiene también una dimensión social y simbólica. Cada proceso electoral es una oportunidad para reconstruir comunidad más allá de las fronteras. En muchos países, los consulados se transforman durante las jornadas de votación en espacios de encuentro, donde las familias colombianas comparten, se reconocen y celebran su identidad. Votar puede ser una manera de reencontrarse con otros, de reconocerse en la diversidad y reafirmar que, aunque vivamos en geografías distintas, compartimos un mismo destino político.
Madurez democrática
Y es que votar desde el exterior también proyecta una imagen de madurez democrática hacia los países receptores. Una diáspora organizada, que participa y exige, eleva la reputación institucional de Colombia y fortalece los lazos diplomáticos y culturales con el mundo. Cada voto en el exterior es un mensaje de confianza en la democracia, un recordatorio de que la ciudadanía no se extingue con la distancia.
En ese sentido, las elecciones de 2026 no solo definirán el rumbo político del país, sino también el grado de participación de los colombianos en el exterior en la construcción de ese futuro. Se trata de decidir si la diáspora seguirá siendo una comunidad económica sin voz o si logrará consolidarse como un actor político con incidencia real en las decisiones nacionales.
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Migración Inteligente
