
Opinión de Milton Valderrama | Ex candidato a la Cámara de Representantes por los colombianos en el exterior
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Las recientes elecciones al Congreso de Colombia dejaron una sensación que muchos colombianos, dentro y fuera del país, perciben con claridad: la política nacional se ha convertido cada vez más en un escenario de polarización. Más que un debate de propuestas, parece una disputa permanente entre dos bandos que se miran con desconfianza: la derecha y la izquierda.
Esta realidad no es nueva, pero en las últimas elecciones volvió a hacerse evidente. En muchas conversaciones con colombianos en España, Estados Unidos y Aruba, surge una reflexión común: en Colombia cada vez se vota menos por personas y más por etiquetas políticas. Es decir, muchos ciudadanos no analizan al candidato, su trayectoria o su capacidad, sino que toman la decisión simplemente por el partido al que pertenece.
Bandera ideológica
El resultado es una política donde los nombres pasan a segundo plano y lo que domina es la bandera ideológica. Si alguien se identifica con la derecha, vota por cualquier candidato que represente ese sector. Si alguien se identifica con la izquierda, hace exactamente lo mismo en el otro extremo. En medio de esa lógica de bloques, el espacio para los matices, los consensos y las propuestas concretas se vuelve cada vez más reducido.
Esta dinámica tiene varias consecuencias. La primera es que se debilita la responsabilidad individual de los candidatos. Cuando el voto está garantizado por la marca del partido, algunos políticos dejan de esforzarse por demostrar liderazgo, preparación o resultados. La segunda consecuencia es que el debate público pierde profundidad. En lugar de discutir soluciones para problemas reales como seguridad, empleo, educación o migración, entre otros, la discusión se reduce a defender o atacar ideologías…
Polarización
Desde el exterior, donde millones de colombianos observan el país con una mezcla de distancia y preocupación, esta polarización se percibe aún más evidente. Muchos migrantes que siguen la política colombiana sienten que el país necesita recuperar un espacio de diálogo donde las propuestas tengan más peso que las etiquetas.
Creo que la diáspora colombiana debería convertirse en una fuerza política independiente, porque el voto del exterior es un voto que no se compra o se compromete a cambio de favores políticos o puestos de trabajo. Somos más de 7 millones de colombianos que podríamos escoger al presidente de Colombia. En estas pasadas elecciones habían habilitadas un poco más de 1.250.000 cédulas para votar y seguimos teniendo un pequeño porcentaje de votantes, llegamos a un 15% -18%.
Las elecciones al Congreso deberían ser precisamente el momento en el que se evalúan trayectorias, capacidades y compromisos con el país. Sin embargo, la lógica partidista termina dominando la decisión electoral.
Confrontación permanente
Colombia es una democracia vibrante y plural, pero esa riqueza solo puede fortalecerse cuando el debate político se basa en ideas, argumentos y liderazgo real. De lo contrario, corremos el riesgo de seguir atrapados en una confrontación permanente donde lo importante no es quién propone mejores soluciones, sino quién pertenece al bando correcto.
Tal vez uno de los grandes desafíos para el futuro político del país sea precisamente ese: volver a valorar a las personas, sus propuestas y su capacidad de construir puentes, más allá de las etiquetas partidistas.
Porque al final, las democracias no se fortalecen cuando los ciudadanos votan por bandos. Se fortalecen cuando votan por líderes.
