
OPINIÓN de Coach wellness & advisor @felipevillamil_
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Hablar de Colombia es recorrer un país que se abre paso entre montañas, mares y sonrisas. Desde hace años, numerosos artículos y crónicas de viajeros coinciden en un punto esencial: Colombia deslumbra primero por la riqueza de sus paisajes, su cultura vibrante y su gastronomía diversa; y conquista, sin remedio, por la calidez de su gente. Esa combinación -territorio generoso y corazón abierto- es lo que convierte al país en un destino inolvidable.
Bañada por dos mares y abrazada por tres cordilleras, Colombia exhibe una geografía que parece diseñada para maravillar. Sus ciudades, desde la energía cosmopolita de Bogotá y Medellín hasta la magia colonial de Cartagena y Popayán, funcionan como portales que conducen a un interior aún más profundo: pueblos donde el tiempo baja el ritmo, donde el olor a café recién hecho se mezcla con el de la tierra húmeda y donde cada visitante es recibido como si regresara al hogar.
Idiosincrasia
Porque si algo define al colombiano es esa capacidad de acoger. En pocos días, el forastero aprende no solo nombres de lugares, sino la idiosincrasia de cada región: el humor caribeño, la franqueza paisa, la nobleza santandereana, la suavidad llanera, la alegría pacífica. Colombia enseña su geografía a través de la gente que la habita.
La mejor excusa para estrechar lazos es, sin duda, compartir. Ya sea un tinto en la mañana, una aguapanela que reconforta, o unas cervezas al atardecer que abren la puerta al jolgorio y a las anécdotas que se vuelven eternas. La sobremesa colombiana no necesita protocolo: fluye, se contagia, se vuelve música.
Y es que, en Colombia, la música es otra forma de saludar. Los vallenatos que cuentan historias de amor y travesía, las salsas que invitan a moverse sin pedir permiso, el merengue y la cumbia que celebran lo ancestral, y la evolución moderna del tropipop que ha llevado el sonido colombiano a escenarios de todo el mundo. Allí, en esa mezcla de ritmos, se revela la esencia de un país que encontró en la alegría una manera de resistir y avanzar.
Colombia es, ante todo, una experiencia humana. Un territorio donde la amabilidad no es un gesto aislado, sino un arte cotidiano; donde la cercanía se convierte en puente, y donde cada visitante, al partir, siente que deja un pedazo de sí mismo entre montañas, mares y abrazos compartidos.
Colombia no solo se recorre: se vive, se siente y, sobre todo, se recuerda.
Todo esto hace parte de algo profundamente arraigado en el ser colombiano: la creación de un ambiente donde la convivencia, el acompañamiento y el servicio al otro se han convertido, con el paso del tiempo, en un verdadero arte. No es casualidad que la amabilidad sea casi un patrimonio intangible del país. Es el resultado de generaciones que han aprendido a tender la mano, a abrir la puerta, a ofrecer un café o una sonrisa como gesto natural, y a hacer sentir a cualquiera —propio o visitante— parte de un hogar más grande que sus fronteras. En Colombia, la disposición de acompañar y servir no es una obligación: es una forma de vivir.
Patrimonio mundial
Por esto mismo, la reconocida periodista española, Almudena Ariza —corresponsal de TVE para Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Panamá— ha propuesto a la Embajada de Colombia ante la UNESCO declarar como patrimonio mundial el mayor tesoro de los colombianos: “EL ARTE DE LA AMABILIDAD”. Su planteamiento no podría ser más acertado, pues recoge aquello que nos distingue y que el mundo admira en silencio: la forma única en que los colombianos acompañamos, servimos, abrazamos y acogemos.
Hoy, más que nunca, invito a todos los colombianos en el mundo a hacer eco de estas buenas costumbres que nos elogian e identifican; a llevar con responsabilidad y orgullo el nombre de ser COLOMBIANO, porque como nos enseñaron nuestras familias, nuestra esencia está en pedir la bendición, en encomendar el camino a la Virgen María —fiel compañera en nuestras alegrías y angustias— y en mantener viva esa ternura profunda que, como describe la destacada periodista, hace que estar entre colombianos sea “sentirme dentro de un algodón”.
Recordemos, querido compatriota: Colombia es pasión, es el país de la belleza y ahora también es el arte de la AMABILIDAD.
¡Replícalo, colombiano!
