Buscando culpables

Pie de foto: Elecciones 2022. Pabellón de Congresos, Casa de Campo, Madrid, 13 de marzo de 2022

Herman Aguirre Ramírez | info@escolombia

Todas las teorías conspiratorias posibles se barajaron por cuenta de la “caída del sistema” al final de la jornada electoral, el último día de las votaciones en el exterior. Un fallo en la aplicación “Infovotantes” que la Registraduría Nacional del Estado Civil, con orgullo, había puesto en marcha, y de la cual presumía por su eficacia y solidez, colapsó debido a la gran demanda de usuarios y en el momento menos oportuno.

La corrupción, intrínseca en el pensamiento del colombiano que ha sobrevivido a múltiples contiendas políticas, se constituyó en la causa que encabezó las conjeturas de los más sabihondos. Cualquier argumento que tratará de persuadir esa convicción, quedaba sin fundamento, máxime cuando todos los candidatos, sin excepción, proclaman en su ideario un frente sólido, contra toda práctica deshonesta.

Así, tres horas para del cierre oficial de los comicios en el exterior (abiertos 7 días antes) y cuando el sistema empezaba a no responder, los gritos de corruptos se dirigían a la Registraduría, la Cancillería, la Embajada, el Consulado y, obviamente, al gobierno.

Las maneras se perdían en la misma proporción en que se acumulaban los votantes que veían cómo los minutos pasaban sin hallar su mesa donde depositar su confianza.

La exasperación emergió entre quienes querían votar por el candidato de sus afectos y quienes querían no votar por él, pero sí por otro. La desesperación cundió dando paso a la improvisación. Llamadas van y llamadas vienen por parte de las autoridades; los jurados, testigos y observadores se atribuyeron funciones de coordinación y guía y otras que no les competían. Y dieron las 4, hora de cierre.

Adentro, caos, carreras, votos a la ligera, formularios mal diligenciados, insatisfacción, vergüenza. Afuera, reclamos, insultos, ultrajes, vergüenza. Se autorizó que todos los presentes votarán. Hora de cierre: 5 de la tarde.

El gobierno no tiene excusas, no debería tenerlas; tampoco, ni mucho menos, debería culpar a los colombianos que dejan todo para última hora. Y, éstos, los votantes, entender que quienes están en el trabajo de logística y apoyo, merecen respeto.


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