Valores para la transformación de la política colombiana


El pasado 20 de julio, se posesionaron en las curules los 280 congresistas de senado y cámara en Colombia que legislaran en el periodo de 2018 a 2022. Este nuevo periodo inicia con una serie de expectativas por cumplir en todos los ámbitos sociales.

En un país en reconstrucción, tan golpeado por flagelos de violencia, corrupción y narcotráfico, es absolutamente fundamental contar con gobernantes que posean valores claros e interiorizados como la honestidad y transparencia, para lograr la transformación del país y alcanzar los ideales de bienestar común.

Los valores a un contexto político, se convierten en una poderosa herramienta de transformación en la gobernanza a nivel internacional. Para lograr la correcta aplicación de esas directrices en cualquier sociedad, debe existir una convicción que proviene desde el interior de los individuos que la componen, desde la bondad y el altruismo y desde la esencia misma del ser, siendo materializados en cada acto realizado y decisión tomada en las múltiples instancias de la Administración Pública.

La política es una de las profesiones más nobles que pueden existir, porque es para servir y no para servirse de ella. Si quienes ejercen la actividad política son catalogados servidores públicos, es importante realizar primeramente un ejercicio de interiorización, que busque el servicio y mejoramiento de la calidad de vida del colectivo, priorizando los intereses de los ciudadanos antes que los propios, en ese sentido la política en Colombia y el mundo cobrará otro significado.

Queda abierta la reflexión a quienes han sido electos en Colombia para retomar los orígenes de tan noble profesión. La política entendida como el arte de gobernar los pueblos puede ser una de las más sublimes actividades cuando es desarrollada con conciencia y siempre buscando el bienestar colectivo antes que el individual.

En cuanto a quienes son gobernados, el tener claros e interiorizados los valores y su aplicación en cada acción de la vida cotidiana, facilita la construcción de sociedades armónicas fundamentadas en el respeto, la participación democrática, la integración, la justicia, la equidad, la solidaridad, la cooperación, la toma de decisiones colectivas y el bienestar común sea una realidad, tanto a nivel de comunidades, sociedades y estados como a nivel internacional.


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