Un llamado a las nuevas generaciones «políticas»


Pie de foto Votaciones en Madrid para el Congreso de Colombia 2018


Los temas del Estado deberían ser un asunto de todos y no exclusivo de unos pocos. Esto se debe a la falta de participación de la gente en la política, lo cual en la población juvenil se acentúa de forma significativa y grave. La apatía de las nuevas generaciones por participar en política se debe a múltiples factores: son apolíticos ya que no confían en los partidos. Los consideran anticuados, viejos, vetustos, inmóviles, lo que no significa que «aborrezcan la democracia».

Son pragmáticos y pos políticos. Y no ven una respuesta a los problemas reales del país y de sus ciudades en los documentos programáticos de los partidos, y mucho menos, en las propuestas individuales de sus militantes – candidatos. Es decir, ¿la política (como está hoy) está perdiendo a los jóvenes?

Es claro que hoy existe en todo el mundo una «larga agonía de los partidos políticos» lo que se traduce en dificultad para «politizar» (en el sentido correcto) a los jóvenes, quienes están en el punto más crítico, pues se balancean entre la indiferencia y el rechazo al sistema, pero no hay una respuesta contestataria a la política tradicional y al sistema como tal.

La problemática es clara y largamente analizada por expertos. Lo primero es entender a los jóvenes, sus gustos por cambiar las cosas, su pragmatismo, el dinamismo que los caracteriza, mientras que la política es estática. La juventud si cree en la antigua filosofía de los sabios griegos que decían «todo se mueve, nada está parado». La inmovilidad no está en los genes del joven.

Curiosamente, existe una apatía de las nuevas generaciones para participar en los asuntos públicos, de la cosa común; es decir, no eligen. Pero la sociedad (con abstención juvenil) está eligiendo una generación de líderes menores de 40 años que copan las altas esferas del poder. Por mencionar algunos ejemplos en la geopolítica: el canciller austríaco, Sebastián Kurz (31 años), primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern (37 años) el primer ministro irlandés, Leo Varadkar (38 años), el presidente de Francia, Emmanuel Macron (39 años).

Kurz, por ejemplo, está destinado a convertirse en el líder más joven de Europa, representa a uno de los partidos más antiguos de Austria, con siete décadas de historia. Esto demuestra una nueva generación de líderes que se ha formado académicamente para asumir los retos del mundo, pero eso no basta, es necesario que, desde el otro lado, es decir, desde el elector primario se movilicen y se interesen por las causas comunes de la democracia y asuman con gallardía los retos.

Pienso en nuestro país que este año tendrá comicios electorales territoriales para elegir diferentes corporaciones públicas de carácter regional y municipal, y me imagino, una parvada de jóvenes preparados y formados postulándose y otro grupo de jóvenes cuestionando, indagando, proponiendo, debatiendo con argumentos y lógica del bien común, no del personal, y encontrando eco en la sociedad civil para transformar los territorios y construir proyectos de vida comunitarios que garanticen el mejoramiento de las condiciones y calidad de vida de los ciudadanos.

No queremos una generación de jóvenes que lleguen a improvisar sus ejecutorias, sino jóvenes ponderados, eficaces a las causas sociales y responsables con su generación. A la juventud no se les detiene, no se les coarta, ni mucho menos se les conquista con el miedo ni con halagos fáciles o engañosos (bueno a algunos sí, pero por desconocimiento). Los jóvenes quieren ser escuchados en sus pretensiones. ¡Todos podemos contribuir para cambiar el mundo!



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