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Colombia a la deriva, en manos de Duque


Pie de foto: Presidente de Colombia Iván Duque con su homólogo estadounidense, Donald Trump, en Washington

Foto: Nicolás Galeano – Presidencia de Colombia


Este año Colombia y la región tienen a la vista un panorama lleno de incertidumbres, que provienen del cambio de signo político, un cambio basado en la mentira y la manipulación a favor de intereses foráneos o de la oligarquía que se niega a reconocer sus errores y menos a rectificar a dialogar sobre los grandes temas y retos de país y América Latina.

Como si fuera poco Duque y el Uribato han decidido que Colombia sea el abierto lacayo y títere de Estados Unidos, para prestar el territorio como epicentro de una guerra que no arregla el problema del mal gobierno Maduro y que no tiene ninguna justificación en el derecho internacional para agredir a un país soberano, con un golpe de estado.

Es tan evidente, que está al servicio de los intereses particulares del imperio, que ha desatendido por más de 10 veces en los últimos meses el llamado al diálogo y las cartas, como lo revelará la W radio, del Ministro de Relaciones Exteriores Venezolano, para hablar de las relaciones bilaterales. La decisión de prestarse y ser cómplice a la agresión estaba tomada hace tiempo.

Y es que Colombia de tiempo atrás es el socio estratégico en materia de seguridad y defensa de Estados Unidos por su posición geográfica y por ser el guardián de los intereses norteamericanos en el subcontinente. Para ello es el país que más recibe ayuda militar la que fue de 203 millones de US, en 2017.

Mientras en el campo económico la desventaja y asimetría de las relaciones comerciales, devastan cada vez más a sectores industriales y agrícolas, que no tienen contentos a las asociaciones de productores, como quiera que la balanza comercial con el imperio es deficitaria y el sector industrial ha dejado de exportar desde que entró en 2012 a funcionar el TLC, 4.227 millones de US, siendo cada vez menos empresas las que exportan, mientras le compramos el 73% de lo consumimos; hasta los traseros de pollo vienen de EEUU.

Duque está metiendo a Colombia en camisa de once varas, desconociendo el rechazo social a un conflicto armado interno que ya hemos tenido en Colombia en zonas rurales y que en el caso de Venezuela causaría dolor, barbarie y éxodo no sólo de venezolanos sino de los miles de colombianos que allí viven, en las ciudades. No ha consultado a nadie para tal despropósito y ha mentido al prestarse para tanta falacia que se dice del presidente venezolano, que no es el mejor presidente y que ganó unas elecciones pedidas por la oposición, delante de observadores internacionales, cosa que no sería tan clara para las elecciones que ganó Duque.

Pero no por ello un golpe de estado o una agresión como en los tiempos de las dictaduras del cono sur, está justificada. Eso sólo beneficia a los señores de la guerra y va en contra de la buena vecindad.

Duque debe atender los problemas del país; para empezar, debe consolidar una coalición de gobierno, sin ella poca gobernabilidad tendrá. Los problemas derivados de hacer trizas la paz, se están yendo de las manos, las bandas criminales, paramilitares y las águilas negras desbordan y hacen ver un país con una democracia casi inexistente y unas instituciones cuestionadas por su ineficacia, su falta de medios como la justicia, otras corruptas y comprometidas con los poderes mafiosos que no investigan, ni cumplen de lejos con su trabajo, como la fiscalía.

Unos territorios rurales manchados de sangre en cada vereda, cada corregimiento y municipio donde se reivindica algo, líderes asesinados sin que se haga justicia, sin que se les proteja. La sensación de impunidad y vuelta al siglo pasado en los años de exterminio de la oposición nos vuelve a la memoria y desmotiva, aparece en la población como opción salir de ese país que parece vuelve 40 años atrás.

De sus promesas electorales de mejor y más empleo, ya están olvidadas siendo uno de los países con peores tasas de desempleo, con mayor desigualdad, problema que tampoco abordará porque sus políticas económicas no buscan equidad ni resolver el problema de la reforma rural integrada.

Centrará su política en la alianza y dependencia con EEUU, para mendigarle a Trump a cambio de que no modifique condiciones del tratado de libre comercio, porque el presidente de los Estados Unidos sí está cumpliendo sus promesas y protegerá a la industria, modificando los TLC como ya propone a Canadá y México, para poner aranceles. Reducirá la entrada de migrantes y los perseguirá, porque su lema América para los americanos lo ha puesto en marcha.

En el campo de la tributación Duque ya dio su mejor ejemplo a favor de quienes gobierna. Si el país necesita ampliar la base tributaria y que paguen más los que más tienen, él impuso IVA a la canasta familiar, afectando el bajo salario de los trabajadores. Ha hecho todo lo contrario de lo que prometió, de ahí su baja popularidad y no levantará cabeza en lo que queda.

Esta vez no tiene a un pueblo asustado y con miedo, y si lo está, ha decidido recuperar su dignidad y manifestarse. Esta vez tienen una oposición social y política que se moviliza de forma pacífica y contundente frente a sus derechos, a pesar de la represión, represalias y amenazas.

La salud y educación con cobertura universal como demagógicamente se comprometió, ya mostró en el paro estudiantil la capacidad de resistencia y la poca voluntad y talante del gobierno para el diálogo. A punta de ESMAD, que ejerce violencia desproporcionada, manipulando suciamente la información para echar la culpa del daño del mobiliario urbano y bienes a los manifestantes, el que ellos mismos causan y que mostraron las redes sociales, nueva comunicación con la que no se contaba en épocas pasadas. Esto último constatado en el paro estudiantil que reclamaba presupuesto adecuado para las universidades públicas y que lo obligo a negociar, después de dos meses de reivindicación. 

El gobierno Duque en pocos meses ha mostrado que es incapaz de asumir los grandes retos de Colombia y el anhelo de paz de los colombianos, hemos vuelto a la deriva de la violencia interna, sin que él haga nada por parar este deterioro de los derechos humanos y para cambiar política extractivista y deterioro medioambiental, no ha dicho nada del irreparable daño al rio Cauca y sus comunidades, ni pondrá remedio, y no contento con eso quiere implicarnos en un conflicto con un país hermano, haciendo lo que Estado Unidos no puede hacer por su propia mano. Ha mamado de la lógica que la guerra es un negocio, para pocos y una desgracia para los pueblos.  



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